acceso abierto

Por qué no se consolida el acceso abierto en América Latina

Manuel Loyola
Editor Revista Izquierdas

Escribo en mi condición de editor de revistas y libros académicos en un país que, en términos generales, (siempre puede haber excepciones) poco o nada le importa el tema de la comunicación científica, a no ser que esta producción esté asociada a las famosas revistas y editoriales de corriente principal y con factor de impacto. Pero en general, no existe una acción en las universidades chilenas tendiente a favorecer, desarrollar y promover una política en materia de comunicación científica: todo se reduce a tener unos pequeños instrumentos de incentivos a investigadores que logren colocar algunos papers en algunas revistas que nadie o casi nadie leerá.

Si bien en algún sentido el Acceso Abierto local ha tenido importantes avances, configurándose una práctica que, en no pocos aspectos, es superior a lo que existe en otros lugares del mundo –la plataforma Scielo es quizás lo más sobresaliente a este respecto- es claro que, de manera creciente, se trata de una modalidad aun con bajo desarrollo y más bien estática, que no logra vincularse ni nutrirse con las diversas alternativas que hoy presenta el ecosistema de la comunicación científica. En síntesis, en el sur global existe una disposición al acceso abierto y más de algún avance, pero con una materialización muy limitada. ¿Por qué?

Porque no nos hemos detenido a pensar y formular conceptos y estrategias de actuación que mejoren nuestra actuación, no obstante, también es cierto, existen rigideces estructurales que afectan al mayor perfeccionamiento. Haré un bosquejo de aspectos que deberíamos enfrentar a fin de superar nuestra actual realidad. Por cierto, que la relación que haré está lejos de ser exhaustiva, completa y detallada; empero, servirá de todos modos para comenzar una discusión sobre el Acceso Abierto regional.   

1. Las definiciones sobre el acceso abierto, sus declaraciones internacionales, su desarrollo conceptual, no han logrado permear siquiera medianamente al conjunto de autoridades e instancias de gestión de la ciencia en nuestros países. Los logros en este terreno son aún puntuales y todavía, en estos casos, las políticas, mandatos y prácticas sobre las vías a lo abierto, no son del todo coherentes, no alcanzan al conjunto de la comunidad científica y cuesta bastante habilitar operativa y técnicamente la difusión pública y libre de trabas de la producción académica y especializada.

2. A la par con la limitación en las políticas y mandatos, subsisten -en muchos casos, mayoritariamente- actuaciones que no prestan atención al acceso abierto de manera efectiva. Pues una cosa es decir que la opción es relevante, y otra muy distinta es la práctica real de ella. Se mantiene, por tanto, una brecha no menor entre la palabra y los actos. Quizás si una de las razones de ello sean los compromisos e intereses comprometidos con la industria editorial transnacional por parte de Estados y gobiernos, así como por grupos de científicos. Esto es mucho más claro en las áreas de las ciencias “duras”, donde es más frecuente la vinculación a redes internacionales de estructuras similares del primer mundo. En lo que toca a las ciencias humanas y sociales, la realidad de sometimiento, siendo menor, no deja de hacerse sentir entre nosotros, obstaculizando las perspectivas de la cultura open.

3. Las limitaciones del Acceso Abierto entre nosotros también responde a la mantención de conductas de gueto, cuestión que se da tanto entre editores como entre científicos. Cada cual busca hacer lo suyo sin mirar para el lado ni, mucho menos, generar trabajos de colaboración con quienes están relativamente cerca y con quienes podríamos emprender iniciativas de mutua conveniencia. Así, se multiplican las revistas, las tareas, las necesidades; se produce una dispersión irracional de esfuerzos y de recursos, los mismos que podrían emplearse para mejorar nuestras labores editoriales y de acceso abierto si es que aunáramos esfuerzos.

4. La diversidad ineficiente también se produce entre las entidades que, más allá del espacio local o nacional, ha tratado de hacer suya la apertura: sean cuales sean las explicaciones, ni CERLALC (Centro latinoamericano para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe), LATINDEX, EULAC (Asociación de editoriales universitarias de América Latina y el Caribe), RedALyC, SciELO, CLACSO, La Referencia, u otras, han arribado a fructíferas asociaciones y acciones conjuntas. Cuando más, los acercamientos han sido parciales y de baja intensidad, prevaleciendo los sesgos de autoridad y políticos que cada uno expresa.

No es mi ánimo teñir esta reflexión de un color oscuro, como si nada se hiciera o no tuviéramos condiciones para una mejor suerte. Al contrario. Si he apuntado a algunos asuntos críticos, es porque se dispone de una experiencia y de numerosas posibilidades. Solo que estimo que estamos en un contexto donde lo hecho ya no es suficiente y estamos cayendo en la rutina y en actuaciones que únicamente pretenden justificar la presencia de las organizaciones a que pertenecemos o adherimos. Con esto no quiero librar de pecado a las empresas trasnacionales de la edición académica, bien sabemos que juegan un rol determinante en la estructura de la comunicación científica regional y merecen nuestra crítica y hasta nuestro repudio. Pero, seamos claros: que así actúen está en su ADN, no hacen otra cosa que actuar por el negocio que los mueve, ayudando a configurar lo que aparece como la ciencia de excelencia, como la corriente principal y otras denominaciones. Que se les pueda -tal vez- buscar obstruir, molestar, denunciar, sí, se puede, y seguramente falta muchísimo por hacer en este sentido; pero esta labor sería inútil o meramente testimonial, si ella no va acompañada de los esfuerzos por hacer valer nuestras propias soberanías y autonomías, aun en un periodo como el actual donde campea la apertura y la liberalización a destajo.

Otra vez, aquí nos vemos obligados a concentrarnos en lo propio y hacerlo de buena manera. No es que el sur global -como ya lo señalé- no tenga ideas, iniciativas, instituciones, inquietudes, recursos, etcétera, que sirven para colocar en valor lo nuestro. América Latina y otros lugares del Sur cuentan con recursos, prácticas, desarrollos, editores, masa crítica; no obstante, tengo la impresión de que las posiciones se unifican de una manera ineficiente porque somos incapaces de salir de las parcelas y de las dispersiones que nos afectan. Esto lleva a que, por ejemplo, cada cual quiera inventar la rueda, que se realicen numerosos encuentros, paneles, simposios, donde se dice y se vuelve a decir más o menos lo mismo (tenemos encuentros de revistas y editores casi simultáneamente en tres o cuatro lugares de América Latina). Esto puede estar dando cuenta de varias cosas; primero, que hay muchas inquietudes, vamos a tener una lectura positiva, y es bueno que haya muchas reuniones; segundo, que hay dineros disponibles para ello, lo cual tampoco está mal, y tercero, que cada punto del ecosistema de la comunicación científica aspira a cuidar a su gente, a proteger algunos intereses, a buscar respaldos para asegurarse su lugar bajo el sol.

Tomemos otro caso, las universidades latinoamericanas tienen entre sus organizaciones a dos que sobresalen: UDUAL y el Grupo de Montevideo, las cuales realizan regularmente foros e intercambios que en lo fundamental tienen dos grandes debilidades: primero, que privilegian a las autoridades rectorales y no así a las comunidades universitarias, por lo que los asuntos de la ciencia y su comunicación no tienen mayor espacio; segundo, que una vez concluidas las reuniones, cada cual vuelve a sus países a seguir haciendo lo que ya hacían. “Disonancia cognitiva” me dijo un rector que se llamaba eso.

Vinculemos esto con lo que debería ser la pregunta principal que debería remover y replantear nuestra labor: ¿cómo estamos aportando a la vinculación o relación entre ciencia y sociedad?, ¿de qué manera una transformación en las prácticas del Acceso Abierto podría hacer mucho más fuerte y expectante esta relación?

Como se ha dicho en otras oportunidades, el Acceso Abierto en buena parte de América Latina cuenta con un factor muy importante como mecanismo de entrada: nuestras iniciativas editoriales en materia de ciencias son, prácticamente en su totalidad, abiertas desde su origen, pero esta cualidad se mantiene en una situación bastante precaria. Prevalece entre nosotros el modo estático, pasivo, donde se supone que por el puro hecho de decir que favorecemos el acceso abierto éste se realiza y dejamos de lado o no vemos que solo es tal, como acceso abierto, si opera, se hace efectivo, se moviliza, se gestiona a diario. En consecuencia, lo que proponemos ahora como Acceso Abierto no es tanto un asunto declarativo como sí una práctica constante y ascendente, que debe constantemente estar sujeta a evaluación y actualización, proponiéndose mejorías diarias. Por cierto, intentar llevar a cabo una noción de este tipo de acceso abierto, trae aparejados numerosos desafíos que, quizás, podamos ilustrar luego cuando entremos al diálogo: una cosa es decir y otra cosa es hacer; hay muchísimos elementos que están implicados en este desafío.

Dejemos la descripción de estos problemas para concluir, de manera un poco más auspiciosa, digamos, con algunas perspectivas de actuación optimista. Desde luego, doy mis disculpas de antemano, porque es muy probable que las pocas cosas que diré ya pueden ser una realidad en diversas partes de América Latina y otros lugares. En lo particular revistas, editores y otros responsables de nuestras ediciones deberían agregar sus publicaciones como cosa mínima en el Google Scholar Citation. Pero, además, debieran seguir algunos planes de mayor visibilidad de sus trabajos, coordinándose para estos efectos con las bibliotecas, los recursos de información, los medios de comunicación propios, las oficinas de extensión o vinculación con el medio. Desde luego, un punto relevante en esta actividad sería determinar cómo están nuestros repositorios: si los hubiera, evaluar su funcionamiento y, si no los hay, que se habiliten.

También se debería avanzar y resolver sobre los mandatos de acceso abierto y las respectivas licencias de uso; éste es un asunto para directivos de las universidades y para los académicos y sus organizaciones. Aquí lo interesante es que el tema del acceso abierto se vincula estrechamente con otras circunstancias igualmente significativas y que están implicadas en el reconocimiento institucional a los docentes, a los investigadores. Por cierto, este ámbito también podría hacer mucho para cambiar el actual modelo de negocio que impera en la comunicación científica, incluyendo al conjunto del sur global. No en vano en la última declaración de consorcios, que son los que realizan los acuerdos comerciales con las empresas internacionales, se ha planteado la necesidad de modificar aspectos cruciales del modo como se han arreglado las cosas hasta ahora. De hecho, en Chile eso ya se está colocando en cuestión y hay incluso unas indicaciones que señalan que no sería posible ya seguir soportando el tipo de erogación, de contrato, de pagos que hasta ahora ha prevalecido.

Finalmente hay algo que toca a la propia institucionalidad del acceso abierto y de la comunicación científica a nivel internacional, del sur global. Esta situación también espera mejores acuerdos e iniciativas; no son pocas las entidades, organizaciones y experiencias con las que se cuenta, esto es: no estamos partiendo de cero; sin embargo, se requiere claridad, menos duplicación de esfuerzos, aunar voluntades, recursos, dejar ciertas aprehensiones, exclusivismos y arrogancias de lado. Por ejemplo, ¿se justifica que existan varias bases de datos e índices en la región haciendo más o menos lo mismo? Además, justo con la reiteración pareciera que todo ello es irracional si al fin de cuentas la mayor parte de nosotros seguimos aferrados a las métricas y factores de impacto y otros adminículos del negocio de las empresas transnacionales. No digo que estas cosas sean inútiles, porque efectivamente pueden tener alguna funcionalidad y valor, el punto es que las tomamos sin mirar mucho a nuestro alrededor. En fin, para terminar, creo que hay que repensar el tema desde un punto de vista de una lógica dinámica del Acceso Abierto. Creo que es una perspectiva lógica, de orden conceptual que debe ser retomada en sus potencialidades y a partir de ello generar nuevas definiciones para las posibilidades de comunicación científica en el sur global, en América Latina o cualquiera de nuestros países.

Imagen: Conferencia SciELO 20 años

Foro de Editores Científicos de Chile. Santiago, 17 de octubre de 2018

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