¿Qué tradiciones y costumbres hay en la zona sur de Chile?

Qué tradiciones y costumbres hay en la zona sur de Chile

El sur de Chile es como un libro abierto lleno de historias, sabores y colores que no encuentras en ningún otro lado. Desde los bosques húmedos de La Araucanía hasta los fiordos helados de Magallanes, esta zona del país guarda un tesoro de tradiciones y costumbres que mezclan lo indígena, lo colonial y hasta un toque de los inmigrantes que llegaron con maletas y sueños.

La zona sur abarca desde la Región de La Araucanía hasta Magallanes, pasando por Los Ríos, Los W Lagos y Aysén. Aquí, la cultura mapuche se cruza con la herencia española, la influencia alemana y las costumbres de los colonos chilotes, creando un mosaico que no se repite en el norte ni en el centro. ¿Qué encontrarás si te aventuras por estos lados? Comida que calienta el alma, bailes que te hacen mover los pies y creencias que te llevan a mirar el cielo con otros ojos. Vamos por partes.

¿Cómo influye la cultura mapuche en el sur?

Hablar del sur sin mencionar a los mapuche es como comer un curanto sin mariscos: simplemente no tiene sentido. Este pueblo originario ha dejado una huella profunda, especialmente en La Araucanía y Los Ríos. Una de sus tradiciones más potentes es el We Tripantu, el Año Nuevo Mapuche, que se celebra alrededor del 24 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno. No es solo un cambio de calendario; es un momento para renovarse, agradecer a la tierra y pedir por un ciclo próspero. Las familias se juntan al amanecer, comparten comida como el mütrüm (harina tostada) y se bañan en ríos o lagunas para purificarse.

“Es como si la naturaleza nos diera un abrazo y nos dijera: ‘Aquí empieza todo de nuevo’”, me explicó una vez una lonko (líder comunitaria) en Temuco. El ritual incluye cantos, bailes y ofrendas a la Ñuke Mapu (Madre Tierra), y aunque es íntimo, algunas comunidades abren sus puertas a visitantes respetuosos. Si quieres saber más sobre su cosmovisión, el sitio del Ministerio de las Culturas tiene detalles actualizados sobre estas prácticas.

¿Qué hace único al curanto de Chiloé?

Si hay un plato que grita “sur de Chile” desde los pulmones, ese es el curanto. Originario del archipiélago de Chiloé, este manjar es más que comida; es una ceremonia. Se prepara en un hoyo en la tierra, donde piedras calientes cocinan una mezcla de mariscos, carnes, papas, chapaleles (una especie de pan de papa) y milcaos. Todo se tapa con hojas de nalca, que parecen sombrillas gigantes, y se deja cocer por horas. El resultado es un festival de sabores que te hace entender por qué los chilotes lo consideran un arte.

Lo probé una vez en Castro, y un pescador local me dijo: “El curanto no se come solo; se comparte. Es nuestra manera de decir ‘bienvenido’”. La tradición viene de los huilliches, un pueblo indígena de la zona, y se ha mantenido viva gracias a la abundancia del mar y la tierra. Hoy, muchas familias lo preparan en ollas (curanto en olla), pero el auténtico, el de hoyo, sigue siendo el rey en fiestas y reuniones. Si pasas por Chiloé, busca una curantada en verano; no te arrepentirás.

¿Por qué las mingas son tan especiales?

En Chiloé, la palabra minga no es solo un término; es un estilo de vida. Se trata de una costumbre de trabajo colectivo donde la comunidad se une para ayudar a alguien, ya sea a construir una casa, cosechar o incluso trasladar una vivienda entera por el agua. Sí, has leído bien: mover casas. La minga de tiradura es un espectáculo único. Los vecinos atan una casa de madera a botes o troncos y la arrastran por canales o el mar hasta su nuevo lugar. Es como ver un desfile flotante, pero con más sudor y risas.

Esta práctica tiene raíces indígenas y coloniales, y refleja el espíritu solidario del sur. “Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién lo va a hacer?”, me comentó un chilote mientras tomábamos mate después de una minga. Aunque la modernidad ha reducido su frecuencia, sigue viva en pueblos como Dalcahue o Quinchao, y es un ejemplo perfecto de cómo el sur valora la comunidad por encima de todo.

¿Qué fiestas llenan de vida el sur?

El sur no se queda corto en celebraciones. Una de las más grandes es la Semana Valdiviana, que ocurre cada febrero para conmemorar la fundación de Valdivia. La ciudad se transforma con desfiles, competencias náuticas en el río Calle-Calle y un show de fuegos artificiales que ilumina el cielo. Es una mezcla de orgullo local y diversión pura, con comida típica como el asado al palo y música que va desde la cueca hasta bandas locales.

Otra joya es la Fiesta de San Sebastián en Yumbel, Región del Biobío, cada 20 de enero. Miles de peregrinos llegan a agradecer o pedir favores al santo, en una procesión que combina fe católica con toques campesinos. Hay misas, pero también ferias con artesanías y cazuelas humeantes. “Es un momento para conectar con algo más grande”, me dijo una señora mientras vendía velas frente a la iglesia. Puedes encontrar más sobre estas fechas en el portal de Chile es Tuyo, la web oficial de turismo.

¿Cómo se vive la influencia alemana?

La llegada de colonos alemanes en el siglo XIX dejó un sello imborrable en Los Lagos y Los Ríos. En lugares como Valdivia, Osorno y Puerto Varas, las tradiciones germanas se mezclaron con las locales. La Fiesta de la Cerveza en Valdivia, por ejemplo, es un guiño a esa herencia. Se celebra en verano, con barriles de cerveza artesanal, kuchen (tarta dulce) y música que va del acordeón a ritmos chilenos. No es un Oktoberfest copiado; es una versión sureña, relajada y con vistas al río.

Los colonos también trajeron su arquitectura, visible en las casas de madera con tejados empinados, y su gusto por la repostería. Si pasas por Frutillar, un kuchen de frutos rojos con un café es casi obligatorio. “Aquí hacemos las cosas a nuestro modo, pero con un toque de Alemania”, me explicó un pastelero local mientras cortaba una torta.

¿Qué pasa con la mitología chilota?

Chiloé no solo tiene comida y trabajo en equipo; también tiene historias que te erizan la piel. Su mitología es un universo propio, con personajes como el Trauco, un ser pequeño y feo que encanta a las mujeres, o la Pincoya, una sirena que decide si el mar será generoso con los pescadores. Estas leyendas no son solo cuentos para niños; forman parte de la identidad de la isla y se transmiten de generación en generación.

Una noche en Ancud, un anciano me narró cómo su abuelo juraba haber visto al Caleuche, un barco fantasma que navega con luces y música. “No es que creamos ciegamente, pero respetamos lo que no entendemos”, me dijo. Estas historias se reflejan en artesanías, como figuras talladas en madera, y en festivales donde se recrean los mitos con teatro y danza.

¿Qué sabores definen la gastronomía sureña?

La comida del sur es como un abrazo en un día frío. Además del curanto, tienes el asado de cordero magallánico, típico de Punta Arenas, donde la carne se cocina a fuego lento sobre brasas. En La Araucanía, el catuto (una masa de trigo cocida) acompaña guisos y sopas. Y no podemos olvidar el licor de oro, una bebida chilota hecha con leche, aguardiente y especias, perfecta para calentarse.

Aquí va una tabla con algunos platos icónicos:

PlatoRegiónIngredientes principales
CurantoChiloéMariscos, carnes, papas, chapaleles
Asado de corderoMagallanesCordero, sal, fuego lento
CatutoLa AraucaníaTrigo, agua, a veces carne
MilcaoChiloéPapas crudas y cocidas, manteca

Cada bocado cuenta una historia de la tierra y sus habitantes. Si quieres recetas auténticas, el sitio del Ministerio de Agricultura suele destacar productos locales.

¿Cómo se baila en el sur?

El sur tiene ritmo propio. La cueca chilota es una variante del baile nacional, más suelta y alegre que la del centro, con pasos que imitan el trabajo del campo o el mar. En Chiloé también está el vals chilote, un giro romántico que llegó con los colonos y se quedó. Los instrumentos como el acordeón, la guitarra y el bombo le dan vida a estas danzas, especialmente en fiestas como la Maja Chilota, donde se elabora chicha de manzana artesanal.

“Es un baile que te saca el frío de los huesos”, me dijo un músico en Puerto Montt mientras tocaba para un grupo de vecinos. Estas tradiciones se mantienen vivas en ferias y encuentros culturales, especialmente en verano.

¿Qué más necesitas saber antes de ir?

El sur cambia con las estaciones. El verano (diciembre a marzo) es ideal para fiestas y actividades al aire libre, mientras que el invierno trae un silencio mágico, perfecto para escuchar historias junto a una estufa. Lleva ropa abrigada, porque incluso en enero las noches son frescas. Y si puedes, quédate unos días en un pueblo pequeño; ahí es donde la cultura sureña brilla con más fuerza.

El sur de Chile no es solo un destino; es una experiencia que te envuelve con su gente, sus sabores y sus relatos. Desde el We Tripantu hasta el curanto, cada tradición es un pedacito de su alma. Así que, si te animas a visitarlo, no solo verás paisajes de postal; vivirás un pedazo de historia que sigue latiendo fuerte.

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Periodista enfocado en temas de actualidad, educación, tecnología y turismo, con más de doce años de experiencia en el ámbito del periodismo digital. Ha trabajado con distintos medios informativos de Chile, aportando análisis contextual, rigor informativo y una perspectiva crítica sobre los asuntos que influyen en la agenda pública.